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Como no hay modelos únicos de familia, tampoco hay un único tipo de familia. En cada familia van a confluir varios tipos, según la perspectiva que se adopte para su contemplación.No pueden agotarse ni las posibilidades reales ni las opciones posibles de otras tantas variedades de familias.

 

Familias Sintomáticas:

Es aquella en la que la comunicación se realiza mediante un lenguaje traducido en síntomas. Hay un autentico juego manipulativo mediante la remoción de emociones provocadas por la presentación de los síntomas creados y mantenidos tenazmente. Este tipo de familia se denomina también, psicosomática y en tal sentido su comportamiento, no se debe a una particular o casi predestinada estructura personológica. El comportamiento sintomático que hace acto de presencia en la familia se ofrece al exterior como una verdadera perturbación, pero hay que tener en cuenta que este comportamiento no pasa de ser un modo expresivo, un mensaje somatizado que se define como “una profunda insatisfacción existencial que no logra o no puede ser verbalizada”. Lo que sucede en las familias sintomáticas es que tal componente o radical neurótico, se engrandece, se exagera, y por lo mismo, se refuerza hasta darle un peso mayor del que tiene objetivamente. La familia sintomática no está enferma, pero sí delicada, desencadenando la aparición de comportamientos o mensajes poco sanos. Lo normal se convierte en fuente de sufrimiento y, lo que es más grave, se refuerza como único modo posible con el que cree que puede pervivir y mantenerse.

 

Características de las familias Sintomáticas:

 

Confusión de Generaciones: En esta familia resulta poco claro el reparto de comportamiento acordes con la dad y el momento de cada miembro. No hay diferenciación de plano, sino que el conjunto es como un conglomerado en el que no aparecen límites claros. Esto origina: Los padres quieren que los hijos sean iguales a ellos, con idénticas escala de valores, con realizaciones prácticas idénticas a las del comportamiento adulto. No hay respeto por un mínimo esquema en el que sea posible apoyar la diferenciación personal de las generaciones adultas (padres y antepasados cercanos) y las generaciones nuevas (hijos en cualquiera de sus ciclos vitales no adultos). Esta confusión invade todos lo terrenos de la relación estableciendo capas y más capas a modo de subsistemas confusos. Que importante es entonces la autonomía, la competencia personal y la atmósfera que posibilite la conquista de la propia intimidad para que en todo ello se encuentren las bases sobre las que apoyar una sana “cultura familiar” como valor que garantice un nivel de salud que se ve amenazado por esta confusión entre las generaciones.

 

Conflictos Continuos: La permanencia de conflictos contribuyen a la aparición de meta comunicaciones y meta mensajes que, al no ser manejados con claridad, sumergen a la familia entera en un proceso irreversible en tanto no sean conscientes del nivel en que sitúan los conflictos y acudan a quien, desde fuera, puede ayudarles a desenredar tan complicada madeja. Lo paradójico de esta característica está en que la familia que se ve afectada por ella empieza a creer que es incapaz de vivir sin los conflictos. Lo cual, a su vez, refuerza aún más la conflictividad básica que objetivamente no es tan grave. Lo grave reside en no ser conscientes de la escasa importancia de la razón que desencadena cada uno de los enormes conflictos que lo acosan.

 

Escasa Autonomía Personal: La dinámica del sistema familiar, impide que los miembros consigan una sana independencia que evita la aparición de hábitos más o menos neuróticos como consecuencia del excesivo mantenimiento de ligámenes primarios y dependencias infantiles que obstaculizan todo crecimiento. Las familias sintomáticas tienen mucho de familia mitológica, dado que en el fondo de su subcultura está lleno de mitos en forma de leyendas, temores, ideologías y síntomas comunicativos. Este fondo mítico, construido a base de roles y contra-roles, se mantiene por la rentabilidad que tiene para tales familias ya que gracias a él se mantiene un cierto equilibrio que, aunque pobre, es válido para conservar un tipo de interacción que es el único posible mientras no se modifiquen los modelos que han aprendido en etapas anteriores. Tras todo ello se establecen reglas de la relación familiar sintomática y se destacan los componentes complementarios de los roles asignados. La originalidad y la identidad del individuo queda muy amenazada en tal tipo de familias.

 

Fuerte Resistencia al Cambio:  La resistencia al cambio es una barrera que oculta actitudes hiperprotectivas, dificultades de adaptación, inmadurez personal de los padres, etc. Es una fuente inagotable de racionalizaciones y en ella reside uno de los aspectos más resistentes a la acción terapéutica sobre la familia sintomática. Los síntomas se manejan con mucha habilidad y la tarea de desmontarlos es ardua y duradera. La resistencia toma mil formas y así puede verse cómo la familia contempla una especie de deambular de un síntoma que pasa de un miembro a otro cuando el primero empieza a “curarse” de él o a defenderse con mayor fuerza del mismo. En algunas parejas se alternan -como resistencia a cambiar hacia formas mas sanas de interacción- frigidez e impotencia, sin que los que lo sufren acierten a descubrir cual es la raíz y cual es la consecuencia. Parece como si la coexistencia con el síntoma fuese ya irremediable; acontece que cuando un hijo comienza a independizarse, enferma la madre. Es el síntoma circulante que adopta diversas formas según el miembro en que se albergue.

 

Familia Neurótica:  Lo neurótico en la familia está en la carga de ansiedad que se respira en ella, lo que impide una adecuada realización de todo lo que constituye un elemento de progreso y avance. La multiplicidad de comportamientos neuróticos a nivel de grupo o sistema no invalida que todas ellas tengan como elemento común y básico el de obstaculizar el progreso. La neurosis familiar paraliza el crecimiento de sus miembros, hasta tal punto que los trastornos relacionales impiden el buen desarrollo de los miembros. Esta paralización afecta con más intensidad a los miembros más jóvenes, lo que explica que la mayor parte de las consultas derivadas de este tipo de familia tengan como motivo manifiesto algún trastorno en el comportamiento de alguno de los miembros-niños o miembros-adolescentes de estos sistemas familiares. Es aquí donde salta una vez más el interrogante de si los trastornos de estos sujetos son alteraciones sistémicas que los cobijan.

 

Familia Fóbica:  La fobia en la familia, se caracteriza por un permanente estado de defensa ante posibles peligros y amenazas. Esta familia orienta todas sus defensas en la construcción de muros que le preserven del exterior. Todas estas energías se canalizan hacia la construcción de defensas, por lo que se le ha llamado también “familia fortaleza” o “familia fachada”. Las características de estas familias son: Ligámenes familiares rígidos o fríos, no hay expresión de sentimientos, no hay manejo de emociones; a lo sumo se utilizan de manera manipulativa. Toda la cotidianeidad está presidida por un fuerte sentimiento de amenaza. El sistema de comunicación intrafamiliar puede definirse como autolimitativo. En la presencia de rigidez en los ligámenes que vinculan a los miembros entre sí está la raíz de la aparición de simbiosis inmaduras que paralizan cualquier deseo o intento de progreso y avance.

 

Familia Obsesiva:  Esta familia centra todas sus energías en el mantenimiento de ceremonias y rituales que le “aseguren” la defensa contra los temores persistentes que la acechan. Sus características son: Reacciona motivada por la intrusión insistente de ideas, impulsos, creencias y motivaciones que no son deseados, Los rituales que se exteriorizan en estas familias son; la limpieza, el mantenimiento de pautas rígidas de conducta, el desmesurado respeto por lo formal, lo puntual, lo ético. Todo ello como característica común de lo típicamente neurótico, impidiendo el crecimiento y llegando al deterioro por la pérdida de impulsos crecientes que desaparecen del dinamismo de tales familias. Lo obsesivo toma forma de tabú en cuanto se rozan temas vinculados a lo sexual, erótico o afectivo en su sentido más estricto. La familia obsesiva colorea todo lo afectivo con el tinte de lo que hay que evitar, de lo que es preciso soslayar, de todo aquello de lo que no hay más remedio que huir, El control de las emociones es continuo, percibiendo como amenaza cualquier intento de expresividad, espontaneidad y originalidad, En estas familias hay que abordar la interacción padres-hijos, ya que el comportamiento evidenciado como obsesivo en un hijo no deja de ser el reflejo de idéntica raíz en alguno de los progenitores.

 

Familia Histérica: La relación intrasistémica es manipulativa. El manejo de las emociones, la utilización disfuncional de los estados de ánimo, sentimientos y estados afectivos, constituyen el elemento básico sobre el que se organizan y estructuran todos los dinamismos de relación entre sus miembros. A estas familias se les denomina “familias teatro”, ya que el comportamiento que se observa parece estar dictado escrupulosamente por un guión previo, aunque no sea fácil descubrir quién organiza la acción y quién pone en movimiento a los distintos elementos personales que se mueven ante el hipotético público. Cada uno adopta un papel concreto cada vez que el manipulador pone en marcha los mecanismos de teatralidad. Las cosas más simples se dramatizan hasta limites insospechados, y en la mayoría de las ocasiones a toda actuación corresponde un “chantaje” previo –aunque difuso y camuflado- que es el que moviliza la acción de todo el sistema familiar. Características de estas familias: A cualquier manifestación de malestar de un miembro se sigue una escalada por parte de otro miembro del sistema, para ver quién esta pasándolo peor, quien sufre mas. Los ataques no-verbales dominan sobre los verbales y de contenido, hasta tal punto que con los gestos, los comportamientos, los síntomas, se moviliza toda la emotividad de los otros.

 

Familia Ansiosa:   Es un tipo de familia dominada por la angustia, la timidez, el miedo, la inseguridad y las fantasías en torno a los temas del sexo, la agresividad, la violación y la muerte. No hace falta insistir en la enorme fuerza controladora que ejerce la fantasía de cuento suponga miedos a lo violento, lo agresivo o lo destructivo. La implicación de cada uno de estos temores con componentes radicadores en la sexualidad, puede dar una idea de lo complicado que resulta en muchas ocasiones desentrañar y dar su verdadero sentido al lenguaje estructurado a través del comportamiento sintomático que está en el fondo de todas las familias ansiosas, sean de un tipo u otro. Las características de estas familias son: La transmisión de fantasmas y mitos familiares, que se hace por la vía de abuela a nietos y madre a hijos, Como elemento común y posiblemente básico se trasmite la angustia ante la muerte, hasta tal punto que hay un verdadero circuito neuronal del pensamiento que se ve modificado por al presión del mito familiar ante la idea de la muerte y, en muchos casos, ante la enfermedad, Puede concluirse, que se verifica una somatización de la angustia mediante la aparición de síntomas cuya explicación no tendría sentido de no mediar esta interpretación dinámica, Las fantasías centradas en el sexo, agresividad y muerte no pasan de ser manifestaciones de la ansiedad.

 

Familia Inafectiva:  La pobreza de interacción emocional impide la aparición de relaciones basadas en el juego afectivo entre sus miembros, sus características son: El mundo de las emociones constituye un arca secreta de la que nadie sale y nadie tiene posibilidad de entrar, Las comunicaciones que se establecen entre los miembros se limitan a los niveles informativos y formativo-manipulativos, La expresión de sentimientos y afectos no es moneda habitual, sino que cada cual ha de buscar apoyos para su mundo interno fuera del propio ámbito del sistema familiar, Cuando se interroga a estas familias acerca de su mundo afectivo lo presentan como “normal”, porque se refugian en el mito de que entre ellos no hay tensiones manifiestas ni crisis especiales. Esta aparente quietud es la que impide que se enfrenten realmente con la gran frialdad interna que les acosa, La interacción queda bloqueada por parte de alguno de los miembros, convirtiéndose en verdaderos controladores de la expresión de niveles profundos de la vida personal. Cualquier intento en sentido positivo se ve bloqueada y hasta bombardeada por los otros, ya que comunicarse equivales a comprometerse y comprometer a los demás en el mismo dinamismo, La vida de estas familias languidece y se arrastra con pobreza en espera de que agentes externos movilicen de vez en cuando sus fondos emotivos. Pero no para persistir en el mecanismo puesto en juego ocasionalmente, sino para justificar algunas manifestaciones esporádicas. Una vez pasado el episodio, vuelven a su monotonía, a su cerrazón, al silencio afectivo que las acompaña de manera permanente.

 

Familia Sana: Por contraposición a la familia sintomática que se ha descrito, existe una familia que puede considerarse suficientemente sana y progresiva. La utilización del término “sana” plantea ya muchos problemas. Hablar así equivale más o menos veladamente a contraponer una realidad que es “normal” (sana) a otra que queda afectada por algún índice de “anormalidad” (no sana). Este lenguaje, como fácilmente se adivina, está cargado de componentes que rozan lo sano como contrapuesto a lo patológico, factores que tienen mucho que ver con lo psiquiátrico clásico o con la búsqueda casi obsesiva de elementos derivados de lo enfermo. Lo sano al hablar de la familia toma otras dimensiones.

 

 

  • José A. Ríos G. “Manual de Orientación y Terapia Familiar”.